domingo, 5 de noviembre de 2017

Salió “Esta noche toca Charly. Un viaje por los recitales de Charly García de 1956 a 1993”

En abril de 1988 García y su banda tocaron en Obras con el objetivo de cerrar el ciclo "Parte de la religión". Esos shows fueron los últimos de Fabiana Cantilo como corista y los primeros de Fernando Moya como mánager. Hubo, además, un regreso: el del legendario piano Yamaha CP 70. Blanco en esta caso. Y prestado por Fito Páez, porque Chary no recordaba donde habían quedado los suyos (usados por última vez junto a Las Ligas). Esta clase de historias, entre muchas otras cosas, conforman las 600 páginas de "Esta noche toca Charly".

Quizás más que en otros géneros de la música popular del siglo xx, en el rock las trayectorias de los principales grupos y solistas suelen pensarse en torno a sus discos y son la fuente preferida por los historiadores. Pero más allá de estos registros planificados y producidos para perdurar en el tiempo, las presentaciones en vivo constituyen otra parte de la obra, casi una historia en paralelo, destinada a ser efímera y a quedar solo en el recuerdo de quienes estuvieron allí. En el caso de Charly García, la inusual abundancia de grabaciones no oficiales a lo largo de décadas (las llamadas grabaciones piratas o bootlegs) ofrece la posibilidad observar y analizar su carrera a través de sus recitales. Escuchar esa “obra paralela” permite entender de una manera mucho más completa y detallada los cambios en su música. En la elección de repertorios y músicos, en los nuevos arreglos y alteraciones ocasionales en las letras, en la utilización de recursos del pasado o que adelantan el futuro, en las reacciones del público y la prensa se cuenta la otra historia de uno de los grandes compositores, intérpretes y performers de la música latinoamericana. Realizado con el respaldo de un enorme catálogo de grabaciones, un monumental archivo periodístico, documentos inéditos y más de cincuenta entrevistas a músicos, ingenieros de sonido, mánagers, periodistas, ex compañeros y fans, este libro retrata a Charly García como músico de escenarios desde sus audiciones en el Conservatorio Thibaud-Piazzini en octubre de 1956 hasta el concierto en el estadio de Ferrocarril Oeste en diciembre de 1993, antesala de lo que se conoce como su etapa Say No More. Revelador, obsesivo, desmitificador y celebratorio, Esta noche toca Charly toma como punto de partida la actividad en vivo de García pero termina siendo una lectura indispensable para comprender las razones del impacto artístico y social que ha tenido –y aún tiene– la música de este extraordinario artista.

El autor de esta extraordinaria obra, Roque Di Pietro, nació en 1973 en Marcos Juárez. Trabaja desde hace más de 20 años en editoriales y publicaciones gráficas relacionadas a la música. Es coeditor de la biografía de Eduardo Mateo (Razones locas) y de la colección de libros Vademécum. Produjo la reedición en CD de fonogramas de Mateo, Tanguito y Los Mockers. Vio y escuchó en vivo por primera vez a Charly García en noviembre de 1987 en el Teatro Gran Rex de Buenos Aires.

Hernán para Cinema Veritè

jueves, 26 de octubre de 2017

Charly García cumplió 66 años y lo festejó tocando. “Así festeja el músico en serio y de alma porque es estar como pez en el agua” dijo.

Es una costumbre argenta, cumple años Charly García y se organiza fiesta “en banda”. 



La cita esta vez fue en Lucille, un bar con escenario ubicado en Gorriti 5520, en Palermo, a unas 30 cuadras del mítico departamento de Coronel Díaz y Santa Fe donde reside el músico, y el día fue el domingo 22 a la noche, en la vigilia del lunes 23 de octubre (fecha de su cumpleaños).
Entre los invitados que participaron de la fiesta estuvieron Claudio Paul Caniggia, Benito Cerati, Palito Ortega y Evangelina, Pedro Aznar, Hilda Lizarazu y Leo García por mencionar algunos. 
La lista para entrar fue bastante estricta, basta con decir que a Fernando Samalea, histórico baterista de García, lo tuvo que ir a buscar a la puerta el Zorrito Fabián Von Quintiero ya que no estaba entre los nombres anotados y no lo dejaban entrar. Lo cierto es que Charly recibió muchos regalos entre los que prevalecieron los clásicos discos de vinilo que tanto aprecia.
Una semana antes comenzaron los ensayos para el festejo junto a su banda “The Prostitution” formada por el mencionado Zorrito en teclados, Rosario Ortega en coros y el trío chileno (que viajo especialmente para la ocasión), Toño Silva  en la batería, Carlos González en el bajo y Kiuge Hayashida en la guitarra. 
Con esta formación (la misma con la que se presentó en marzo en el Caras y Caretas) empezó el show con la canción “La máquina de ser feliz” y, entre poco mas de una decena de temas, siguieron clásicos como “Los Dinosaurios” y hasta hubo un estreno de tema. Para el final se sumaron a la banda Fito Páez y Juanse para hacer una potente versión de “La sal no sala”.
Charly por su parte dijo que estaba muy bien y contento por el festejo que le organizó “el entorno afectivo”, “es un regalo bárbaro” y al preguntársele  por su costumbre de festejar su cumpleaños con un show respondió “el músico en serio y de alma por supuesto (festeja así) porque es estar como pez en el agua. ¡Feliz cumpleaños Charly! 

Lista de temas:

1-La máquina de ser Feliz
2-Yendode la cama al living
3-Influencia
4-Agujero en el pie (Tema Nuevo)
5-Believe
6-Asesiname
7-In the city
8-Lluvia
9-Cerca de la Revolución
10-Los Dinosaurios
11-La sal no sala



Hernán para Cinema Verité

lunes, 2 de octubre de 2017

Reunión de leyendas; Charly García se encontró con The Who, e intercambiaron discos.



“¿Te acuerdas del tipo que rompía las guitarras  cuando nadie tenía un miserable amplificador” preguntaba Charly García en la canción “Mientras miro las nuevas olas” de Serú Girán, y si, hablaba de Pete Townshend guitarrista de The Who. El Zorro Fabián Von Quintiero anunció desde su cuenta de Instagram. “El jefe (así es como lo llama a García) siempre fue desde adolescente fanático de los "Who" y ahora los estamos yendo a conocer”.
Así fue que anoche, el genio argentino se encontró con el mencionado Pete y con Roger Daltrey, los integrantes originales de The Who antes del show que brindaron en una histórica noche junto a los Guns and Roses en el Estadio único de La Plata.
Era de esperar que García no se perdiera un acontecimiento como este. En el palco Vip del estadio de la ciudad de las diagonales y, en la previa, charló durante algunos minutos con Townshend y Daltrey, y se llevó una copia autografiada en vinilo de Quadrophenia, el álbum de 1973.
Además, el hombre del oído absoluto le regaló al vocalista del grupo británico una copia de “Clics Modernos”  y una de “Random” ambas en vinilo y dedicadas.
Jose Palazzo, amigo y productor de los shows de García, organizó el operativo y lo llevó en un contingente que incluyó a su pareja Mercedes Iñigo, su asistente “Tato”, su cuñado Facundo de la emergente banda “Pilotos” y el ya mencionado Zorrito.
Ya durante el show Charly fue la estrella del palco, entre los que le hablaron y se sacaron fotos con él estaban;  "Mono" Fabio de “Kapanga”; Rolo Sartorio de “La Berisso”;  y Lali Espósito, a la que le dijo "Lali, me gusta verte así, más rockera..."


Hernán para Cinema Verité

domingo, 24 de septiembre de 2017

A cuatro años de las presentaciones en el teatro Colon Charly García retomo la realización de su película.



Si bien hace unos tres años Charly García había adelantado el tráiler del film bajo el tentativo nombre de “Say No More: The Movie”, el tema se fue dilatando y parecía que sería uno de esos proyectos que quedarían a mitad de camino. Sin embargo según allegados al músico, últimamente le está dedicando mucho de su tiempo a terminarlo.
En una nota realizada recientemente a su sobrina, Cecilia, ella dijo que si bien sigue mal de la cadera, “está muy bien de ánimo y sigue trabajando mucho, sigue con su proceso creativo y con el documental que está armando con mi tío Daniel (NdR: el hermano de Charly)” Justamente hace unos veinte días fue Daniel quien subió una foto junto a su hermano en su perfil de Facebook de la que comentó “estábamos viendo un video y Charly le tocaba encima con el bajo y canturreamos algo”. Ojala pronto podamos disfrutar de este material.


Hernán para cinema Veritè

martes, 12 de septiembre de 2017

Ya salió la segunda parte de la biografía de Fernando Samalea

Continuando “Que es un long play”, “Mientras otros duermen” es la versión novelada de un período “adrenalínico” de la vida de Fernando Samalea, entre 1997 y 2010.


Detalla el periodo de los discos de bandoneón que grabó y muchas historias junto a Gustavo Cerati, Charly García, Andrés Calamaro, Joaquín Sabina, Miguel Bosé, A-Tirador Láser, Belmondo, Caetano Veloso, Fabi Cantilo, Daniel Melingo, Calle 13 y Fernando Kabusacki, detallados en sus 570 páginas. Contiene además 32 páginas de papel especial con fotografías y epígrafes.

Hace unos días Fernando tuvo unas palabras sobre su sentir para con “el emperador del universo” como alguna vez lo llamó: "Su altivez me fascina, y a él le queda muy bien: sabe mostrar sus creaciones como quien da vuelta un naipe y es una carta valiosa. ¡Siempre parece estar revelando una verdad universal! Como buen demonio de alta alcurnia, tiene algo de Conde Drácula, no exento de ternura. Al hablar, intercala onomatopeyas, movimientos de manos, levantamientos de cejas y expresiones dignas de un tablado teatral. En su órbita irresistible, sucede algo importantísimo de forma constante."

Charly por su parte escribió un párrafo para la contratapa del libro: "Siempre me sorprendió la musicalidad de Fernando. No piensa como un baterista, no tiene vicios musicales, ni de los demás. Su primer libro me divirtió mucho. ¡Tiene más memoria que yo! Le deseo mucho éxito como escritor. Es el primer escritor baterista que conozco."

Aquí el episodio del nuevo libro “Teléfono. Es Charly García: ‘¿Te gustaría tocar conmigo en la playa hoy?’”

...Un domingo caluroso del verano de 2008, desayunaba en el bar Mania's de Constitución, mirando hacia la avenida Caseros por el ventanal ante medialunas de grasa y cafés con leche, cuando sonó mi celular.

—Fernandito, ¿cómo estás? Soy Charly —dijo con la voz más aguda de lo habitual, la que usaba cuando estaba por pedir un favor.
De inmediato, agregó:
—¿Te gustaría tocar conmigo en San Bernardo?
—Pero, por favor, claro que sí. ¿Cuándo sería?
—¡Guau, man, hoy mismo! Vamos en dúo, vos y yo, ¿entendés? O sea, la rompemos, ¿you know?, ¡somos lo más!
—¡Y somos los más modestos! —agregué.
—Ahora te pasa a buscar mi manager para llevarte en su auto a la Costa. Yo ya salí en una combi, paso por lo de Carlitos Blue's a buscar unas cuerdas y te espero a mitad de camino en la ruta, así seguimos juntos, ¿OK?

Escuché el clic del corte telefónico y no pude emitir respuesta. Pagué la cuenta y caminé las cuatro cuadras hasta el altillo a buscar algo de ropa. Un automóvil marrón esperaba estacionado frente al portal de la calle San José. Su aspecto evidenciaba no cumplir con ninguna de las reglas establecidas, en especial las relacionadas con la seguridad. Quien oficiaba de asistente iba al volante y el manager, como acompañante. Su altivez de "productor" hacía sospechar a simple vista que al compositor de turno solo le diría el diez por ciento de la verdad sobre sus negociaciones. Atrás estaba sentada una rubia, con varios bolsos. La secretaria de la "agencia", según dijeron. Me apreté como pude y el chofer aceleró a toda velocidad en dirección a la Plaza España, para doblar hacia la izquierda hasta la calle Salta, luego por Brasil a la derecha y tomar la autopista en la 9 de Julio. No tardé en corroborar que la imprudencia era su fuerte. Para colmo, los "organizadores" iban tomando cocaína de un frasco, con una cucharita plástica blanca o directamente desde la parte superior de la mano, haciendo un hueco con el pulgar y el índice, a la manera de la sal y limón de un tequila. Constaté que el promedio de ingesta de "chofla" —ese era el apelativo gracioso que usaba Charly— sucedía cada seiscientos o setecientos metros.
Nuestro productor, voluminoso y transpirado, hablaba por celular de manera ininterrumpida. Teléfono en la oreja, exponía hacia el asiento de atrás, sin darse cuenta, su mano blanquecina por la sustancia. Advertir por el espejo retrovisor la forma en que el conductor miraba la carretera, parpadeando nerviosamente y nublando su vista por largos segundos, tampoco generaba demasiada confianza. ¡No podíamos creerlo!

—Charly nos espera en algún lugar de la ruta, ¿no? —dije, como si lo que estaba ocurriendo fuese de lo más rutinario.
—Sí, sí, quedate tranquilo, ya está todo arreglado —contestó el manager secamente.

Mientras tanto, para aportar surrealismo, la rubia hablaba del grupo La Mancha de Rolando. Fuimos surcando el asfalto de la carretera y sus verdes, bajo el sol, leyendo publicidades al paso.
De improviso, una patrulla policial hizo señas para que nos detuviésemos. 
El hecho se asemejó a recibir un baldazo de cemento portland. "Buenas tardes, por favor, bajen todos del automóvil con papeles y documentos", esbozó monocorde uno de los agentes. "Tranquila, no pasa nada", le dije a la secretaria, seguramente no muy convencido. Al lado de la palanca de cambios habían quedado, bien visibles, dos frascos llenos del conocido clorhidrato blanco, que nadie se ocupó de esconder. Calculé que unos treinta gramos estarían a disposición de algún juez de turno, para bajar el martillo y dictar una frondosa condena para todos. Aunque la peor evidencia eran los rostros desencajados de nuestros choferes. Nuestro Bill Graham vernáculo gesticulaba ante los uniformados con aire de superioridad, dándole palmadas al techo del patrullero para agregar énfasis a algunos de sus reproches. Su asistente observaba en silencio, con el mentón hacia abajo, apoyado sobre el capot y de brazos cruzados, con aspecto de asesino serial. No entendí cómo aún no habíamos sido esposados y conducidos a una cárcel de extrema seguridad. Pero, los ángeles protectores fueron fieles una vez más y, a los pocos minutos, nos dejaron seguir. ¡Incluso pidiéndonos disculpas! Bill estrechó su mano con restos de cocaína con el oficial y continuamos por la Ruta 2, hasta alcanzar la parrilla del kilómetro 140 donde transbordaríamos a la combi de García.

—¡Alzaga! ¡La vanguardia es así! —gritó al vernos, ajeno a los acontecimientos.
—No sabés, casi nos meten en cana —le comenté subiendo a la camioneta blanca, dudando si él me había prestado atención.

Multimedia, Charly cargaba blocs de dibujos, cuadernos y libros intervenidos, desparramados entre los asientos vacíos y el piso del vehículo. El desorden era total y un disco de Todd Rundgren sonaba a alto volumen. Se tomó unos cuantos kilómetros para describir cómo iba a ser el concierto y prometer brindar una maravilla artística sin precedentes a sus seguidores. Luego, acompañándose con un teclado portátil pintarrajeado al que le faltaban algunas piezas, cantamos sus canciones a modo de "ensayo", mirando árboles, vacas y caballos a velocidad crucero. 
Luego de entonar la frase "Y cuando estés masturbando a la nena en un hotel de Pinamar", tuvo un exabrupto de autovaloración: "O sea, OK, loco, o sea, soy el mejor, lo demás no existe". Recordó también lo que supuestamente había dicho el terapeuta inglés Ken Lawton sobre él: "Virtudes: memoria excelente y buena persona. Defectos: a veces se olvida el cepillo de dientes".
Al fin llegamos al complejo Zum, sobre la avenida San Bernardo. "Seis cosas hay en la vida: salud, dinero, amor, sexo, droga y rocanrol", gritó el Artista al bajar a la vereda. El boliche se llamaba Club Sol. Una batería Tama negra, con el logo del grupo Aturdidos pintado en el parche delantero del bombo —tal vez como advertencia a lo que vendría—, estaba montada sobre el escenario.
 Chequeamos los instrumentos con el telón cerrado, y poco después comenzó el "show". Una secta de Aliados no paró de alentar: "Borón bombón, Borón bombón, esta es la banda de Say No More".
García salió al ruedo empuñando su guitarra Gibson SG bordó, cubierto con una burka islámica. Para no quedar atrás, me hice un turbante rojo con un largo pañuelo que traía en mi mochila. Arrancamos con "This Time", un tema nunca editado que habíamos grabado en los ochenta con Los Enfermeros, interrumpido por él mismo para dar un breve discurso inconexo en inglés y advertir por el micrófono que "en Irak te decapitarían por pedir una canción"
Proseguimos con "Money" y "Vampiro", incluidos en el “Black Album” de 1992, un CD de circulación privada que habíamos compaginado con Mario Breuer, con demos e inéditos. La joven audiencia, habituada a los espectáculos impredecibles del bicolor, profirió una ovación.


—Bueno, les explico un poco por qué estamos acá... ¡no me acuerdo! —dijo el líder detrás de sus velos negros.
—¡Te queremos ver la cara, Charly! —vociferó una chica.

De forma aleatoria y caótica, sonaron músicas de Kill Gil como "Pastillas", y clásicos como "De mí", pero en tiempo de rock, "Hablando a tu corazón", "No toquen" y "Adela en el carroussel". Desperfectos, roturas de equipos, teclados cayendo al suelo desde mesitas de televisores y epítetos subidos de tono fueron lo corriente a partir de un momento. Su asistente trabajaba al límite de la esclavitud, mientras nuestro Héroe quedó con un slip como único atuendo. Tomando la guitarra o arrojándola a un costado, caminando de una punta a otra del escenario, sentándose ante teclados o lo que quedaba de ellos, amenazó esporádicamente a quienes intentaban fotografiarlo. "¿Por qué no complacer al público?", dijo luego ante un pedido, quizá solo para confundir.
García continuaba mostrando el encanto de lo incorrecto, transgrediendo leyes sociales como ningún otro ciudadano libre. ¡Si hasta los policías o jueces, antes que detenerlo, preferían su autógrafo o una foto con él! "Muchas gracias, las vacaciones siguen", dijo por el micrófono al despedirse.
Luego, le advirtió a su manager, que estaba parado al costado del palco: "Escuchame, yo soy el que da las órdenes acá, y no puede haber contraórdenes. Yo no tengo la culpa de que no hayan estudiado. ¡Ustedes son mis súbditos!".
Cuando volví al camarín, ya no había rastros de él. O mejor dicho, había demasiados: la habitación aparentaba haber sido bombardeada, o al menos invadida por una cuadrilla de vikingos expertos en guerras cuerpo a cuerpo. Decenas de sandwiches de miga, galletitas, botellas y vidrios rotos, incluyendo mis auriculares Sony, cubrían el piso. En una de las paredes se veía claramente, pintado con aerosol, el símbolo Say No More de la S, N y M entrelazadas.
Más tarde, fuentes fidedignas comentaron que el Líder Carismático había salido como una tromba del lugar, vociferando "¡Aunque no tenga razón, tengo razón!", para hacerle autostop al primer automóvil que cruzó por azar y desaparecer con rumbo desconocido.
Regresé a Buenos Aires en un bus de línea, mezclado entre familias y jóvenes de vacaciones, sin noticias del Artista...

Hernán para Cinema Veritè

viernes, 18 de agosto de 2017

Últimas novedades de Charly García. Documental con Fito Páez y participación en el disco de Palito Ortega.


Fito Páez trabaja en un archivo audiovisual que indaga en la obra de Charly García.

Esta semana, Fito Páez comenzó a concretar oficialmente la filmación del documental “La música según García”, basado en charlas en las que Charly García habla de su obra. El proyecto de Páez tiene ya, al menos, cinco años y se venían haciendo registros de ambos hablando sobre la obra del genio. Sin embargo, el encuentro concretado esta semana fue considerado por Fito el verdadero comienzo del film. 
La manifestación de la admiración que Páez siente por Charly García es pública y de prácticamente toda su vida. El rosarino llego a decir: “Si Charly no hubiera estado en el mundo, no habría estado yo”. Recordemos además que en los últimos años Fito viene homenajeando a Charly de varias maneras; editó un disco con una foto de él en la tapa al que llamó “Rock and Roll Revolution”;  organizó un mega homenaje con varias bandas y él mismo tributando su obra en el marco del Movistar Free Music; le dedicó un capítulo de su libro “Diario de viaje” y, además, no hay un recital en que el rosarino no versione algún tema de García.
Por ahora lo concreto es una foto en las redes sociales del autor de “el amor después del amor” junto al genial artista del bigote bicolor, con un mensaje que decía: "Acabamos de empezar la música según García".


Palito Ortega grabó a dúo con Charly García una nueva versión de Popotitos.

Palito Ortega quiere demostrar que su corazón tiene sangre rockera  y hace un par de meses empezó a grabar un disco de rock a manera de homenaje a los que empezaron a cantar Rock and Roll en español, los mexicanos “Teen Tops” con Enrique Guzmán quienes  popularizaron  la versión en castellano de “Bony Maronie” bajo el nombre de Popotitos.
 “Consideró que Guzmán y Los Teen Tops a finales de los 50 y principios de los 60, tuvo una gran influencia en este movimiento, a partir de entonces muchos cantamos rock”, dijo Ortega.  Entre los temas que se incluirá en el material se encuentra “La plaga”, “Popotitos”, cantada a dueto con Charly García; “Buen rock esta noche”, “El rock de la cárcel”, “María”, que escribió Palito Ortega y que también, en su momento, cantó Enrique Guzmán.
Otra canción que se grabó es “Donde suena el rock and roll”, que es un homenaje a Elvis Presley “el gran espejo donde empezamos a mirarnos todos” según sus propias palabras. El disco ya está terminado, su lanzamiento está previsto para finales de septiembre y es editado por Sony, compañía que también tiene contrato con García. La mezcla estuvo a cargo de Nelson Pombal, el mismo que con Charly mezcló “Random” el último disco de García y dijo que el álbum “fue grabado y mezclado siguiendo muchos conceptos de aquellos años dorados.”. Además saldrá en vinilo una edición limitada.


Hernán para Cinema Verité

lunes, 14 de agosto de 2017

Función especial de "Existir sin vos, una noche con Charly García" en la sala de Fitz Roy

El documental que nos muestra como en una noche de verano de 1994 Charly García crea una canción en la sala de Fitz Roy que le perteneció por más de una década, será proyectado en el mismo lugar que se filmó.


La sala de Ensayo de Charly en Fitz Roy 1245

En 1993, con el dinero ganado en la reunión de Seru Giran, Charly compró la casona de Palermo viejo, ubicada en la calle Fitz Roy al 1245. El lugar que había pertenecido a un conocido suyo llamado Basbus se convirtió por mucho tiempo en su bunker creativo y ofició al mismo tiempo de casa, sala de ensayo, estudio de grabación y oficina.
Durante ese tiempo se accedía por una puerta de hierro y vidrio a una sala de estar con un retrato de Miles Davis. Los dos ambientes del frente eran oficinas: la más chica estaba ocupada por Laura y Cecilia, secretarias de García, y la que daba a la calle, bastante amplia, era el despacho de Charly, allí hacía los reportajes, reuniones con sus músicos y demáses.
Una vez que se transitaban dichas oficinas, se llegaba  a un pasillo cuadrado con tres salidas: una daba a la cocina que se usaba como bar; otra al baño y la que pasa a la sala. La sala era un lugar muy espacioso con paredes de ladrillos a la vista del tamaño de una pista de patinaje estándar.
En el fondo había, y aún hay, una pileta de natación. Frente a ella había una casa adicional de dos plantas con cocina, living, baño y dos habitaciones, una en la planta baja y otra en la alta. En ella durante unos tres años vivió “La Bruja” Suárez, el armoniquista  per ese entonces amigo de Charly que poco después de irse, le inicio una demanda civil por “trabajo de casero” de alrededor de quince mil dólares a García. Según cuenta Fernando Samalea en su libro "Que es un Long Play", “la energía del lugar era encantadora y allí Charly mantenía un excelente humor y lográbamos muy buenos ensayos, a veces a pura charla y recuerdos".
Anecdóticamente en el verano del 99, mientras Charly seguía con su música y sus polémicas por la costa bonaerense, la sala fue usurpada. Según contaron algunos vecinos durante poco más de un mes estuvo ocupada por tres familias y podía verse la puerta con los vidrios rotos y cerrada con una cadena con candado. El desalojo fue rápido e incluyó a un Charly vestido de bombero, y así pudo preparar el recordado recital más convocante de su historia en Puerto Madero y gestar el regreso de Sui Generis en su sala. Finalmente, ya en la segunda parte de la década del 2000, y con el lugar prácticamente en estado de abandono total, García decide deshacerse de la histórica locación apremiado por algunos problemas económicos.
Así fue que en el 2006, el artista plástico Omar Lotito le compró la casa y la usó algunos años como atelier. En el 2010 el artista falleció tempranamente y, tras unos años -en el 2016- sus familiares decidieron remodelar y transformar la casa en “El Taller de Omar”, un espacio artístico para rememorar su obra y realizar diversas exposiciones y actividades culturales. Ademas, durante el traspaso a su último dueño algunos objetos pertenecientes al  “universo say no more” quedaron en la casa y sobrevivieron hasta hoy y son allí exhibidos.

El Film
Una noche de verano de 1994, mientras preparaba su disco La hija de la lágrima, Charly García invitó al director Alejandro Chomski a filmar una larga sesión en su estudio de Fitz Roy. Entre anécdotas, improvisaciones musicales y chapuzones en la pileta, el realizador atrapó la intimidad del mítico artista y de sus colaboradores de entonces: Fernando Samalea, Fabián Von Quintiero, María Gabriela Epumer y el ex Manal Alejandro Medina. La película no sólo expone el particular e intenso proceso creativo de Charly (capaz de escribir una letra en el momento y pasar horas creando sobre una base rítmica hasta completar y grabar un tema en cinta) sino que también transmite una fuerte sensación melancólica, sobre todo cuando el protagonista le recita a Epumer (quien fallecería en 2003) los versos de Existir sin vos una canción que quedo inédita.
La cita será este miércoles 16 de agosto a las 19 hs en Fitz Roy 1245 y la entrada es libre y gratuita. Después de la proyección, Chomski y el productor de la película dialogarán con el público y se podrán recorrer los espacios de la casa.


Hernán para Cinema Verité